DESENMASCARADA

DESENMASCARADA

 

Todavía escucho el vilipendio público incluso estando sola en esta habitación. Me desmaquillo frente al espejo y sé que todo lo que he hecho para ocultar mi verdadera identidad carece de sentido. Ha llegado mi fin.

Revuelvo el tocador buscando la toalla con la que quitar cada rastro del polvo blanquecino con el que castigo mi piel a diario.  Los pequeños frascos de perfumes tintinean al caer en el desorden de no encontrarla.

¿De qué me ha servido llevar este corsé y hacer que mis minúsculos pechos parezcan unos senos femeninos? De nada ¿Y para que he martirizado mi tráquea durante tanto tiempo con una gargantilla que ocultara su prominencia y que hacía difícil incluso beber? Para nada. Los lóbulos de las orejas taladrados por unos pesados pendientes para poder asemejarme a una de ellas. Ser como las demás. El cabello torturado con una peluca imposible. Hasta ese ridículo lunar que con esmero pinto cada día en mi mejilla. Todo falso. Y para nada. Simular una voz afeminada, dulce y susurrante. ¿Para qué? Ni siquiera este estúpido maquillaje que ha martirizado mi delicada piel cada día ha conseguido ocultar mi mentón prominente, mi incipiente barba que con esmero he afeitado a escondidas cada mañana. Nada ha podido evitar que se descubra la verdad. Mi verdad. Mi auténtico ser.

Quiero borrar mis facciones. Arrastrar cada poro. Mis lágrimas caen sin control y me sirven de desmaquillante. Siento rabia. Mi piel se enrojece con cada pasada. No es limpiar mi cara. Quiero eliminar mi frente prominente y sentirla suave y lisa. Deseo feminizar mi nariz y que sea perfecta. Necesito aumentar mis pómulos, que la mandíbula se redondee y el mentón disminuya. Y la tráquea. No la quiero ver. Arrancarla en pedazos.

Ahora que ya todos saben lo que soy no sé qué voy a hacer con mi vida. ¿Cómo podré escapar de esta cárcel que es mi cuerpo? Me siento un hermafrodita que aspira a ser una Venus encerrada en un cuerpo de hombre. Una abominación. Mitad varón. Mitad hembra. Si tan solo me dejaran explicar mi verdadera realidad. Con sus cortas entendederas  nunca comprenderán que nací hombre, pero me siento mujer. Que quiero llevar vestidos engalanados, tener las caderas anchas y subir mi pecho con el martirio de un sostén. Castigar mis pies con tacones infinitos. Sufrir el dolor de no tener ni un solo vello en mi piel. Que mis cejas sean las más arqueadas, mis labios los más rojos y mi maquillaje el mejor efectuado.

Otra vez los abucheos, los gritos e insultos rebotan en mi cabeza. La vergüenza crece y hace aumentar mi ira interior. Venganza. Ya no quiero solo desaparecer, sino que todos sientan lo que yo siento. El escarnio público. La ofensa. La humillación. Quiero revelar sus secretos y que todo sientan mi dolor.

Sus miradas de desprecio me matan porque mienten tanto como yo cuando muchos de ellos ya han probado los placeres de mi sexo y de pura vergüenza han guardado bien mi secreto. Nuestro secreto. Ahora se ocultan entre abucheos públicos, un ultraje a mi persona cuando ellos saben tan bien como yo lo que es vivir en una mentira. Volver a casa con sus esposas, inapetentes y sin libido,  porque han saciado todos sus deseos en mi lecho, en este cuerpo que ahora niegan y días atrás alababan. ¡Cuántas noches he podido oír que ojalá muchos más hombres fueran como yo! ¡Cuántas promesas incumplidas de una vida prometida donde la libertad nos amparara!

Agarro el primer frasco que encuentro. Lo lanzo contra el espejo que queda hecho en mis pedazos, como mi corazón. Estoy rota por dentro. Estoy rota por fuera. Por favor que desaparezca esta tortura. Miro el cristal más puntiagudo. Lo cojo. Lo acerco a mi cuello. No puedo.

La vida ya no tiene sentido en esta ciudad. Me queda desaparecer. O morir. Escapar tan lejos como mis piernas me lleven. Comenzar en una nueva ciudad donde la libertad sea la bandera. O no vivir. Esta Francia retrógrada ya no me puede cobijar. Tanto lema francés y te denigran y menosprecian por ser diferente. Sucumbir. ¡Panda de farsantes! Aquí ya nada tiene sentido. No. Buscar un nuevo destino, una nueva identidad y una nueva realidad. Fallecer. ¿Qué será mejor? ¿Huir o morir?

Me sangra la mano. Estoy sin fuerzas. Me caigo en la silla. Se me escapa la vida por cada vena.

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Un comentario en «DESENMASCARADA»

  1. Ojuu este relato te abre los ojos, te hace ver desde otro punto de vista. Desde el ponerse en el lugar del otro, la empatia. No ha de ser fácil vivir en un cuerpo con el que no te identificas.

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