CONFIANZA CIEGA

CONFIANZA CIEGA

El día que Miguel lo descubrió todo, por fin, pudo abrir los ojos y conocer realmente a Rosa. No era capaz de entender cómo había conseguido engañarle durante tantos años. Por más que todos se lo dijeran, por más que él sospechara. No pudo verlo hasta que, tras muchos meses, se dio con la realidad en las narices.

Porque, cuando confías en la otra persona, plenamente puedes vivir ajeno a la realidad y ser feliz o, todo lo contrario. Así fueron nuestros primeros años de convivencia, donde él era un completo inepto en cuestiones informáticas. Sin embargo, Rosa, ingeniera informática, jugaba con bastante ventaja en estas cuestiones.

Al principio solo notaba cuestiones menores, una conversación que juraría no haber tenido con ella, alguna anécdota sin importancia que ella conocía de antemano, pero bueno, Miguel era de tendencia despistado, así que no le prestó mayor importancia. Tampoco al hecho de que la batería de su móvil cada vez durara menos.

— La obsolescencia programada es una mierda, como la batería de mi móvil —  asintió Miguel aquella noche mientras cenaban.

— Tienes razón, cariño. Los móviles cada vez duran menos – aseguró Rosa.

Y así continuaba la convivencia, con su más y sus menos, hasta que el móvil de Miguel se rompió. Ella, amablemente, se ofreció para gestionarlo pero sus horarios intempestivos hicieron que aquella mañana él se encargara, por primera vez, del asunto.

La sorpresa fue mayúscula cuando el dependiente le llamó al poco rato para recoger su móvil. Miguel pensó que debería haber hecho una chapuza porque en poco más de treinta minutos no habría podido hacer ni la copia de seguridad.

— ¡Hola, Miguel! Gracias por venir tan pronto a mi llamada. Es algo importante. —  añadió el amable dependiente.

— No es nada, Raúl. Me he quedado por la zona. ¿Qué pasa? ¿No tiene arreglo?

— Bueno, es algo peor. Al hacer un primer chequeo hemos descubierto varios programas espías que son los que, desde luego, están ralentizando tu móvil. Mira, ¿ves esta aplicación de linterna? Le has dado acceso a tu ubicación y micrófono por lo que con ella se puede saber dónde estás en cada momento e, incluso, escuchar tus conversaciones.

Raúl seguía con la explicación de tantos detalles que había encontrado en tan poco tiempo que Miguel sentía que le iba a explotar la cabeza.

— Pero, ¿Qué hago yo con toda esta información? ¿voy a la policía? — cuestionó Miguel alterado.

— Bueno, yo miraría en tu entorno. Revisa quién puede estar interesado en tanta información y busca una solución. No puedo meterme en cuestiones tan personales, pero ya te digo que no eres el primero y, sospecho, no serás el último. Y, generalmente, todo está relacionado con los celos.

Miguel salió de la tienda, aturdido y abrumado, sin rumbo ni destino y solo pudo pensar en una solución rápida y fácil.

— ¡Buenas tardes, por decir algo! Me gustaría concertar una cita con el detective privado lo más urgente posible, por favor.

— Por supuesto, puede venir en una hora a nuestra oficina. Le estará esperando.

 

 

 

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