UN CAFÉ A SOLAS

UN CAFÉ A SOLAS

Foto de Laura James 

En aquel sillón tan descolorido como incómodo, sostenía la taza de café recién hecha. El calor que emanaba la transportó a su casa, su sofá, su pijama y la lectura de aquel mes. 

La ausencia de ruido era un bien tan preciado que quiso quedarse con ese momento. Descanso, paz, silencio. No había timbres molestos ni familiares preguntando por cuándo pasaba el doctor o a qué hora tocaba la siguiente medicación. 

Ella sola, en aquel cuartucho mugriento después de la batalla de todo el día. Restos de basura en la papelera, botellas de agua perfectamente identificadas y abandonadas por sus dueños. Mezcla de olores de los tupper de sus compañeros. 

Para ser un café de cápsula sabía maravilloso. Era lo mejor que podía esperar de aquel turno tan intenso, de aquel día que terminaba con los primeros rayos de sol. 

Un timbre al fondo le hizo salir del letargo en el que había entrado. Enfadada por la interrupción vio que todavía quedaba una hora para tomarse un café de verdad. Apresuró el último sorbo y su gesto se torció al notar el líquido frío en sus labios. 

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