ESTUDIANTES

ESTUDIANTES

Pasos con los que atraviesas la cuaresma y te acercan a la Pascua. Noche de pasión y penitencia, madrugada sin velas pero con faroles. El incienso te arropa. La cruz de guía te conduce a la carrera oficial donde, al final, llega el encuentro. El simpecado, el trono y el desfile procesional te trasladan a la adoración más intensa. Silencio en las bocas. El rumor del arrastre retumba. El rotundo tambor suena. ¡Pam! ¡Pam!

La comitiva se para. Frente a ti, el palio descansa así como las espaldas y piernas de quienes lo llevan. Se vacía la trabajadera. No hay bisbiseo de costaleros, ni penitentes. Si hay dolor, pero no hay quejas. No suena el murmullo del gentío. Los visitantes respetan. Apenas quieren respirar para no romper el mutismo que impera.

De nuevo el tambor manda. ¡Pam! ¡Pam! ¡Pam! Los penitentes se arrodillan y en la Plaza Poley a su Virgen de Santa Ana rezan. Agarrados a su cruz de madera, que adorna el pecho de la forma más austera.

Un único toque retumba ¡Pam! Los capirotes negros se levantan y las túnicas azabaches bailan por las calles tan blancas como estrechas. La iglesia del Carmen espera. Hacía allí se encauzan en la noche del miércoles santo de la forma más asceta. En el caminar lento, el Hermano Mayor recuerda como aquellos tunos estepeños, en los años cincuenta, mientras estudiaban sus pasiones soñaron con una noche como esta, como querría el profeta.

Otra vez el tambor manda. Todos se arrodillan y oran. Silenciosa, una visitante no puede contener la emoción. Llora. Necesita verles de nuevo y en la Calle Hornillos les espera. Siente el fervor, y siendo agnóstica, vive el misticismo que impera.

Años después todavía lo recuerda y, en una noche de insomnio, escribe estas letras.


Disparador creativo: Los Estudiantes

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